Historia de Chillón
Chillón es un pueblo con una rica historia que se remonta a la prehistoria, como evidencian sus pinturas rupestres y estelas decoradas. Su estratégica ubicación entre minas y rutas históricas lo convirtió en un enclave clave desde la época tartésica hasta la dominación romana y musulmana. Tras su reconquista en el siglo XII, destacó por su industria textil y una influyente comunidad judeoconversa, alcanzando su esplendor bajo la protección de los Fernández de Córdoba, quienes dejaron un legado arquitectónico notable. Desde el auge minero de Almadén hasta los cambios urbanísticos del siglo XX, Chillón combina tradición, patrimonio y paisajes únicos que invitan a descubrirlo.
Prehistoria
La historia de Chillón se sitúa en la confluencia entre la prehistoria y la protohistoria. Una clara muestra de la presencia humana en la zona es la gran cantidad de yacimientos de pinturas rupestres que se encuentran en toda la Sierra del Valle de Alcudia y el Valle del Zújar, entre los que se incluyen los de Chillón. Los más conocidos y visitables se encuentran en la solana de la Sierra de la Virgen del Castillo.
La cronología de estas pinturas rupestres abarca desde el calcolítico (3.100-2.200 a.C.) hasta las últimas etapas del Bronce e incluso los albores de la Edad del Hierro. Además de las pinturas, en el término municipal de Chillón se han encontrado otros elementos arqueológicos de gran valor, como las estelas decoradas, cuya datación se sitúa alrededor del 1.100-901 a.C. Estas estelas son comunes en todo el valle de Alcudia, el valle del Zújar y el valle de los Pedroches.
La cronología de estas pinturas rupestres abarca desde el calcolítico (3.100-2.200 a.C.) hasta las últimas etapas del Bronce e incluso los albores de la Edad del Hierro. Además de las pinturas, en el término municipal de Chillón se han encontrado otros elementos arqueológicos de gran valor, como las estelas decoradas, cuya datación se sitúa alrededor del 1.100-901 a.C. Estas estelas son comunes en todo el valle de Alcudia, el valle del Zújar y el valle de los Pedroches.
Sisapo
Aunque la ubicación de Sisapo en Chillón ha sido descartada tras las excavaciones arqueológicas realizadas en La Bienvenida (Almodóvar del Campo), esta hipótesis no era del todo descabellada. Chillón cuenta con una ubicación estratégica, caracterizada por la presencia de ricos yacimientos mineros y su posición como punto de confluencia de diversos caminos pecuarios, lo que ya despertó interés desde la época tartésica.
Autores clásicos como Cicerón y Estrabón mencionan la importancia de las minas de la región, destacando su valor económico. Con la llegada de los romanos y la romanización de la comarca, esta pasó a formar parte de la provincia Bética, intensificando la explotación de las minas distribuidas por toda la zona. La presencia humana en La Bienvenida se mantuvo de forma continua hasta el siglo IV, mientras que en los entornos mineros de Almadén persistió por más tiempo, como evidencia la iglesia visigoda del Pilar de la Legua.
Fruto de esta actividad minera y del interés económico de la región, Chillón conserva numerosos vestigios históricos, incluyendo yacimientos arqueológicos, minas y una fundición romana que atestiguan su carácter minero. Entre los asentamientos destacados figuran los situados en los Cerros de Calderón, aunque el elemento de mayor relevancia es la calzada romana que atraviesa el término municipal, un testimonio tangible de la infraestructura romana y su impacto en la región.
Autores clásicos como Cicerón y Estrabón mencionan la importancia de las minas de la región, destacando su valor económico. Con la llegada de los romanos y la romanización de la comarca, esta pasó a formar parte de la provincia Bética, intensificando la explotación de las minas distribuidas por toda la zona. La presencia humana en La Bienvenida se mantuvo de forma continua hasta el siglo IV, mientras que en los entornos mineros de Almadén persistió por más tiempo, como evidencia la iglesia visigoda del Pilar de la Legua.
Fruto de esta actividad minera y del interés económico de la región, Chillón conserva numerosos vestigios históricos, incluyendo yacimientos arqueológicos, minas y una fundición romana que atestiguan su carácter minero. Entre los asentamientos destacados figuran los situados en los Cerros de Calderón, aunque el elemento de mayor relevancia es la calzada romana que atraviesa el término municipal, un testimonio tangible de la infraestructura romana y su impacto en la región.
Shillum
El topónimo de la localidad, heredero del Shillum mencionado en fuentes árabes, designaba originalmente el actual Santuario de Nuestra Señora del Castillo. Esta ubicación tenía una gran importancia estratégica, formando parte de una red defensiva cuya misión principal era proteger la frontera sur de la cora del Llano de las Bellotas (Fash al-Ballut). En esta red se incluían el Castillo de Shillum y el de Aznaharon, ambos dentro del término municipal.
Además de su valor defensivo, esta red protegía una de las principales vías de acceso desde la meseta en la antigüedad: la antigua vía Corduba-Toletum. Sin embargo, su objetivo más relevante era controlar el importante yacimiento minero de azogue en Almadén.
Durante gran parte de la dominación musulmana, esta zona permaneció en gran medida deshabitada, siendo ocupada únicamente por pequeños grupos de bereberes en las áreas montañosas, especialmente en las sierras de Almadén y Chillón. A partir del siglo XI, con la conquista de Toledo por las tropas castellanas, comenzaron incursiones en la región despoblada de La Mancha. Fue en el siglo XII cuando se fundaron y construyeron esta red de fortalezas, dado que la zona se convirtió en una línea fronteriza hasta su conquista definitiva.
Además de su valor defensivo, esta red protegía una de las principales vías de acceso desde la meseta en la antigüedad: la antigua vía Corduba-Toletum. Sin embargo, su objetivo más relevante era controlar el importante yacimiento minero de azogue en Almadén.
Durante gran parte de la dominación musulmana, esta zona permaneció en gran medida deshabitada, siendo ocupada únicamente por pequeños grupos de bereberes en las áreas montañosas, especialmente en las sierras de Almadén y Chillón. A partir del siglo XI, con la conquista de Toledo por las tropas castellanas, comenzaron incursiones en la región despoblada de La Mancha. Fue en el siglo XII cuando se fundaron y construyeron esta red de fortalezas, dado que la zona se convirtió en una línea fronteriza hasta su conquista definitiva.
Puebla de San Juan de Chillón
La conquista cristiana del Castillo de Chillón se produjo, según las fuentes, en 1155, coincidiendo con la toma de plazas fuertes situadas más al norte. Este hecho queda confirmado cuando, el 27 de marzo de 1168, el rey Alfonso VIII otorgó a la Orden de Calatrava el control de Chillón y sus almadenes, es decir, el castillo y las minas de cinabrio asociadas. Sin embargo, tras la derrota cristiana en la batalla de Alarcos en 1195, el enclave volvió a manos almohades hasta su recuperación definitiva por el Reino de Castilla en 1212, tras la batalla de las Navas de Tolosa. El único documento que acredita este hecho es una bula de Honorio III, fechada en 1217, en la cual se confirma que la iglesia de Chillón, junto con otras recientemente instauradas, pasa al arzobispado de Toledo.
Esta vinculación con Toledo se mantuvo hasta 1243, cuando el rey Fernando III transfirió Chillón al alfoz de Córdoba. Sin embargo, las minas de Almadén fueron asignadas a la Orden de Calatrava, poniendo fin al debate sobre la propiedad de estos importantes enclaves. A partir de entonces, Chillón se encontró nuevamente en una zona fronteriza, rodeada por los territorios de la poderosa orden militar. Para fortalecer y defender esta nueva frontera, la Orden de Calatrava emprendió la construcción y mejora de diversas fortificaciones: se amplió la atalaya conocida como Castillo de Retamar, se construyó el Morro del Puente para controlar el paso por el Valdeazogues, y se edificó el Castillo de Castilseras.
En 1301 comenzó un proceso lento y complicado de señorialización de la Puebla de Chillón y de la fortaleza vecina de Aznaharon. Durante este período, la familia Mesa se consolidó como señores de la puebla, enfrentándose a diversos conflictos políticos. Finalmente, en 1344, Chillón se convirtió en un señorío bajo la autoridad de Bernardo de Cabrera, noble aragonés nombrado señor por el rey Alfonso XI. Esta decisión buscaba resolver la disputa entre Cabrera y Alfonso Fernández Coronel por el señorío de Aguilar, un conflicto entre dos figuras clave para la conquista de Algeciras.
Tras la muerte de Cabrera y su primogénito, el señorío de Chillón, de menor relevancia en comparación con los territorios aragoneses, pasó a manos de Juan Alfonso de Alburquerque y, posteriormente, fue adquirido por los Fernández de Córdoba el 23 de agosto de 1370. Esta familia, parte de la Casa de Aguilar. Los Fernández de Córdoba, nobles cordobeses con el título de Alcaides de los Donceles, también poseían los señoríos de Espejo, Lucena y Chillón. Se atribuye a esta familia la construcción del llamado Castillo de los Donceles, un símbolo del poder señorial en el núcleo urbano, probablemente aprovechando la torre y la iglesia preexistentes.
En 1314 aparece la primera mención a San Juan de Chillón, lo que indica la existencia de un asentamiento humano notable en torno a la iglesia de San Juan Bautista. En abril de 1318, los maestres de las Órdenes de Calatrava, Alcántara y Santiago se reunieron en la Puebla de Chillón para firmar un tratado de paz y concordia. Este evento político, facilitado por la ubicación estratégica y la neutralidad del núcleo, constituye uno de los hechos históricos más destacados de la localidad.
Esta vinculación con Toledo se mantuvo hasta 1243, cuando el rey Fernando III transfirió Chillón al alfoz de Córdoba. Sin embargo, las minas de Almadén fueron asignadas a la Orden de Calatrava, poniendo fin al debate sobre la propiedad de estos importantes enclaves. A partir de entonces, Chillón se encontró nuevamente en una zona fronteriza, rodeada por los territorios de la poderosa orden militar. Para fortalecer y defender esta nueva frontera, la Orden de Calatrava emprendió la construcción y mejora de diversas fortificaciones: se amplió la atalaya conocida como Castillo de Retamar, se construyó el Morro del Puente para controlar el paso por el Valdeazogues, y se edificó el Castillo de Castilseras.
En 1301 comenzó un proceso lento y complicado de señorialización de la Puebla de Chillón y de la fortaleza vecina de Aznaharon. Durante este período, la familia Mesa se consolidó como señores de la puebla, enfrentándose a diversos conflictos políticos. Finalmente, en 1344, Chillón se convirtió en un señorío bajo la autoridad de Bernardo de Cabrera, noble aragonés nombrado señor por el rey Alfonso XI. Esta decisión buscaba resolver la disputa entre Cabrera y Alfonso Fernández Coronel por el señorío de Aguilar, un conflicto entre dos figuras clave para la conquista de Algeciras.
Tras la muerte de Cabrera y su primogénito, el señorío de Chillón, de menor relevancia en comparación con los territorios aragoneses, pasó a manos de Juan Alfonso de Alburquerque y, posteriormente, fue adquirido por los Fernández de Córdoba el 23 de agosto de 1370. Esta familia, parte de la Casa de Aguilar. Los Fernández de Córdoba, nobles cordobeses con el título de Alcaides de los Donceles, también poseían los señoríos de Espejo, Lucena y Chillón. Se atribuye a esta familia la construcción del llamado Castillo de los Donceles, un símbolo del poder señorial en el núcleo urbano, probablemente aprovechando la torre y la iglesia preexistentes.
En 1314 aparece la primera mención a San Juan de Chillón, lo que indica la existencia de un asentamiento humano notable en torno a la iglesia de San Juan Bautista. En abril de 1318, los maestres de las Órdenes de Calatrava, Alcántara y Santiago se reunieron en la Puebla de Chillón para firmar un tratado de paz y concordia. Este evento político, facilitado por la ubicación estratégica y la neutralidad del núcleo, constituye uno de los hechos históricos más destacados de la localidad.
Muy leal villa de Chillón
Con la adquisición de la Puebla de Chillón por la casa de los Fernández de Córdoba, se inició un periodo de esplendor que alcanzó su apogeo entre 1474 y 1574. Este esplendor se asentó en tres grandes pilares: el auge de la familia Fernández de Córdoba, la importante industria textil de la villa y la presencia de una influyente comunidad de judeoconversos bajo el amparo del Alcaide de los Donceles, quienes habían huido de las revueltas en Córdoba.
La industria textil, relacionada con el curtido de pieles y la lana de oveja merina, fue un motor económico clave durante los siglos XIV y XV. Existen referencias destacadas a esta actividad, como algunos regalos de boda realizados por la reina Isabel la Católica a sus damas y el elevado precio del paño de Chillón, superior incluso al de los tejidos producidos en Gante, Bruselas o Lombay.
El comercio prosperó gracias a la comunidad judía, que encontró refugio en Chillón, favorecida por la protección del señor de la villa y el auge de la industria textil. La importancia de esta comunidad quedó patente cuando, en 1489, tras la expulsión de los judíos de los reinos bajo el dominio de los Reyes Católicos, el Santo Oficio confiscó una cuantiosa suma de 1.306.599 maravedís en Chillón y su aldea, Los Palacios de Guadalmez. Esta cifra superó lo recaudado en ciudades tan importantes como Toledo, Sevilla o Valladolid, reflejando la magnitud económica y social de los judíos en la zona.
Durante la Guerra de Sucesión Castellana, la familia Fernández de Córdoba se mantuvo fiel a la reina Isabel frente a Juana "la Beltraneja". Como recompensa por este apoyo, la Puebla de Chillón recibió el título de “Muy Leal Villa” y obtuvo el privilegio de villazgo con plena jurisdicción. Esto conllevó la construcción de símbolos de su autonomía, como una picota a las afueras del pueblo y un rollo de justicia en la puerta de la iglesia, conocido como la “cruz del corro”, actualmente desaparecida.
Gracias al esplendor económico, los pueblos bajo el dominio del Alcaide de los Donceles iniciaron un proceso de modernización. Este incluyó la construcción de una nueva iglesia y una gran plaza, cuya primera referencia documental data de 1495. En ese año, el Alcaide de los Donceles solicitó al, alcalde mayor de Córdoba, la reconstrucción de uno de los castillos tras la Guerra de Sucesión Castellana, ya que el otro estaba siendo transformado en una iglesia. Este hecho resulta especialmente relevante desde el punto de vista histórico, ya que, durante el proceso de consolidación del poder real, la reina Isabel ordenó el desmoche de los castillos como castigo a la nobleza rebelde. Sin embargo, la fidelidad de los Fernández de Córdoba permitió que se les concediera esta excepción.
La industria textil, relacionada con el curtido de pieles y la lana de oveja merina, fue un motor económico clave durante los siglos XIV y XV. Existen referencias destacadas a esta actividad, como algunos regalos de boda realizados por la reina Isabel la Católica a sus damas y el elevado precio del paño de Chillón, superior incluso al de los tejidos producidos en Gante, Bruselas o Lombay.
El comercio prosperó gracias a la comunidad judía, que encontró refugio en Chillón, favorecida por la protección del señor de la villa y el auge de la industria textil. La importancia de esta comunidad quedó patente cuando, en 1489, tras la expulsión de los judíos de los reinos bajo el dominio de los Reyes Católicos, el Santo Oficio confiscó una cuantiosa suma de 1.306.599 maravedís en Chillón y su aldea, Los Palacios de Guadalmez. Esta cifra superó lo recaudado en ciudades tan importantes como Toledo, Sevilla o Valladolid, reflejando la magnitud económica y social de los judíos en la zona.
Durante la Guerra de Sucesión Castellana, la familia Fernández de Córdoba se mantuvo fiel a la reina Isabel frente a Juana "la Beltraneja". Como recompensa por este apoyo, la Puebla de Chillón recibió el título de “Muy Leal Villa” y obtuvo el privilegio de villazgo con plena jurisdicción. Esto conllevó la construcción de símbolos de su autonomía, como una picota a las afueras del pueblo y un rollo de justicia en la puerta de la iglesia, conocido como la “cruz del corro”, actualmente desaparecida.
Gracias al esplendor económico, los pueblos bajo el dominio del Alcaide de los Donceles iniciaron un proceso de modernización. Este incluyó la construcción de una nueva iglesia y una gran plaza, cuya primera referencia documental data de 1495. En ese año, el Alcaide de los Donceles solicitó al, alcalde mayor de Córdoba, la reconstrucción de uno de los castillos tras la Guerra de Sucesión Castellana, ya que el otro estaba siendo transformado en una iglesia. Este hecho resulta especialmente relevante desde el punto de vista histórico, ya que, durante el proceso de consolidación del poder real, la reina Isabel ordenó el desmoche de los castillos como castigo a la nobleza rebelde. Sin embargo, la fidelidad de los Fernández de Córdoba permitió que se les concediera esta excepción.
Villa de Chillón
Con la muerte de Luis Fernández de Córdoba en 1554, comenzó un proceso de declive para la villa de Chillón. Entre 1587 y 1601, una serie de malas cosechas, acompañadas de sequías extremas en invierno y lluvias tardías en junio, provocaron una grave crisis en la región. Estas condiciones climáticas, que incluso se mencionan en las Crónicas de Felipe II, contribuyeron a la propagación de una epidemia de peste que afectó profundamente a la zona norte de Córdoba, incluyendo Chillón.
En 1587, la peste alcanzó tal magnitud que el municipio quedó prácticamente despoblado, con solo 28 vecinos (según el censo de la época, 28 hombres cabezas de familia). Esta situación marcó el origen de la fundación de la Hermandad de San Roque, creada como respuesta a la devastación causada por la epidemia. Además, la expulsión de los judíos agravó la crisis demográfica y económica. Este grupo había contribuido significativamente a la prosperidad de Chillón en el siglo anterior, y su ausencia frenó el desarrollo de la villa.
A pesar de este declive, Chillón y su aldea, Los Palacios de Guadalmez, desempeñaron un papel importante durante los descubrimientos de ultramar. Un ejemplo destacado es Don Pedro de la Bastida y Yergos, miembro de una familia adinerada de la villa. Entre 1680 y 1697, Don Pedro ocupó diversos cargos en Nueva España, lo que le permitió donar a la iglesia de Chillón valiosas piezas de orfebrería en plata mexicana, que aún se conservan. Además de Don Pedro, otros personajes de Chillón, desde diferentes partes del imperio español, contribuyeron con piezas de gran valor a la parroquia y a la patrona de la villa. Estas obras de orfebrería, muchas de las cuales datan del siglo XVII, se encuentran en su mayoría bien preservadas en la parroquia local.
Al final del siglo XVII, el señorío de Chillón llegó a su fin. Durante el reinado de Carlos III, el Estado adquirió las minas de Almadén, que anteriormente habían pertenecido a los banqueros alemanes Fúcares. Estas minas les habían sido cedidas como compensación por la deuda contraída por Carlos V. Más tarde, durante el reinado de Carlos IV, se intensificó la explotación de las minas para satisfacer la creciente demanda de mercurio, necesario para la extracción de plata en Nueva España. Este proceso requería grandes cantidades de madera para las labores mineras, lo que motivó al Estado a comprar Chillón y su anejo Guadalmez al duque de Medinaceli en 1778, realizando la corona importantes obras de mejoras del municipio, como la construcción de puentes.
En 1587, la peste alcanzó tal magnitud que el municipio quedó prácticamente despoblado, con solo 28 vecinos (según el censo de la época, 28 hombres cabezas de familia). Esta situación marcó el origen de la fundación de la Hermandad de San Roque, creada como respuesta a la devastación causada por la epidemia. Además, la expulsión de los judíos agravó la crisis demográfica y económica. Este grupo había contribuido significativamente a la prosperidad de Chillón en el siglo anterior, y su ausencia frenó el desarrollo de la villa.
A pesar de este declive, Chillón y su aldea, Los Palacios de Guadalmez, desempeñaron un papel importante durante los descubrimientos de ultramar. Un ejemplo destacado es Don Pedro de la Bastida y Yergos, miembro de una familia adinerada de la villa. Entre 1680 y 1697, Don Pedro ocupó diversos cargos en Nueva España, lo que le permitió donar a la iglesia de Chillón valiosas piezas de orfebrería en plata mexicana, que aún se conservan. Además de Don Pedro, otros personajes de Chillón, desde diferentes partes del imperio español, contribuyeron con piezas de gran valor a la parroquia y a la patrona de la villa. Estas obras de orfebrería, muchas de las cuales datan del siglo XVII, se encuentran en su mayoría bien preservadas en la parroquia local.
Al final del siglo XVII, el señorío de Chillón llegó a su fin. Durante el reinado de Carlos III, el Estado adquirió las minas de Almadén, que anteriormente habían pertenecido a los banqueros alemanes Fúcares. Estas minas les habían sido cedidas como compensación por la deuda contraída por Carlos V. Más tarde, durante el reinado de Carlos IV, se intensificó la explotación de las minas para satisfacer la creciente demanda de mercurio, necesario para la extracción de plata en Nueva España. Este proceso requería grandes cantidades de madera para las labores mineras, lo que motivó al Estado a comprar Chillón y su anejo Guadalmez al duque de Medinaceli en 1778, realizando la corona importantes obras de mejoras del municipio, como la construcción de puentes.
Chillón
El siglo XIX en Chillón, debido a su cercanía con Almadén, un punto de interés nacional por sus minas, se vio afectado por las inestabilidades políticas y sociales de la época, como las guerras carlistas y la Guerra de la Independencia. Sin embargo, no se han realizado estudios específicos que analicen en detalle los efectos concretos en la localidad. En el Diccionario de Madoz se encuentra una extensa descripción del pueblo, mencionando antiguas ermitas desaparecidas y las fuentes que abastecían al municipio.
Durante este siglo, la desamortización de bienes eclesiásticos y municipales permitió que grandes terrenos, previamente administrados por la Iglesia y los ayuntamientos bajo el antiguo régimen, pasaran a manos de familias adineradas, como los Márquez de Prado. Esta familia, resultado de la unión de los Morales de Arce (nobleza extremeña) y los Bastida (baja nobleza local), llegó a ocupar cargos de poder tanto en el gobierno civil como en el religioso.
Conformaron el estamento de poder local que dominó la población durante gran parte de este periodo. En 1833, Chillón dejó de pertenecer al Reino de Córdoba para integrarse en la nueva provincia de Ciudad Real.
El siglo XX, como en toda España, fue un periodo convulso y de grandes cambios sociales en Chillón. En 1927, la aldea de Guadalmez se independizó y adquirió identidad municipal propia.
En el verano de 1936, tras el golpe de Estado, comenzó la campaña de Extremadura, que buscaba unir los frentes de Andalucía y Castilla. Chillón, ubicado en la primera línea de la zona republicana y cercana a la estratégica Almadén sufrió los efectos de la guerra. En marzo de 1940, finalizada la guerra, comenzaron las primeras obras de restauración del pueblo que empezaron con la colocación de la "Cruz de los Caídos", donde anteriormente se encontraba la "Cruz del Corro".
El siglo XX también trajo modificaciones urbanísticas a Chillón. En 1927, se realizó una importante ampliación de la Calle Mayor (actual Calle Rosario Márquez). En 1967, para permitir el paso de vehículos, se demolió la sacristía situada en el lado sur de la iglesia. También se llevaron a cabo obras de canalización y alcantarillado, y Rosario Márquez y Chacón donó la finca La Ribera para garantizar el abastecimiento de agua potable a la localidad.
El 8 de octubre de 1991, mediante el Decreto 175/1991, la iglesia parroquial fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento, alcanzando el máximo nivel de protección para su conservación.
Durante este siglo, la desamortización de bienes eclesiásticos y municipales permitió que grandes terrenos, previamente administrados por la Iglesia y los ayuntamientos bajo el antiguo régimen, pasaran a manos de familias adineradas, como los Márquez de Prado. Esta familia, resultado de la unión de los Morales de Arce (nobleza extremeña) y los Bastida (baja nobleza local), llegó a ocupar cargos de poder tanto en el gobierno civil como en el religioso.
Conformaron el estamento de poder local que dominó la población durante gran parte de este periodo. En 1833, Chillón dejó de pertenecer al Reino de Córdoba para integrarse en la nueva provincia de Ciudad Real.
El siglo XX, como en toda España, fue un periodo convulso y de grandes cambios sociales en Chillón. En 1927, la aldea de Guadalmez se independizó y adquirió identidad municipal propia.
En el verano de 1936, tras el golpe de Estado, comenzó la campaña de Extremadura, que buscaba unir los frentes de Andalucía y Castilla. Chillón, ubicado en la primera línea de la zona republicana y cercana a la estratégica Almadén sufrió los efectos de la guerra. En marzo de 1940, finalizada la guerra, comenzaron las primeras obras de restauración del pueblo que empezaron con la colocación de la "Cruz de los Caídos", donde anteriormente se encontraba la "Cruz del Corro".
El siglo XX también trajo modificaciones urbanísticas a Chillón. En 1927, se realizó una importante ampliación de la Calle Mayor (actual Calle Rosario Márquez). En 1967, para permitir el paso de vehículos, se demolió la sacristía situada en el lado sur de la iglesia. También se llevaron a cabo obras de canalización y alcantarillado, y Rosario Márquez y Chacón donó la finca La Ribera para garantizar el abastecimiento de agua potable a la localidad.
El 8 de octubre de 1991, mediante el Decreto 175/1991, la iglesia parroquial fue declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento, alcanzando el máximo nivel de protección para su conservación.
Textos realizados y cedidos por Miguel Ángel Zamorano Delgado.













